Francisco I en la sede de la ONU

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) invitó en septiembre a Jorge Mario Bergoglio Sívori, en su calidad de representante del Vaticano. Este acontecimiento acaparó la atención dentro y fuera de la ONU por la invitación expresa a un representante religioso a hablar de Derechos Humanos siendo el titular de un Estado confesional.
Los DDHH surgen después de las atrocidades del régimen totalitario y de exterminio Nazi en el siglo XX. Otros regímenes totalitarios como la Inquisición habían cometido atrocidades humanas quemando y torturando a quienes declaraban brujas(os), por el simple hecho de oponerse al sistema que les juzgaba. Esa barbarie jamás fue juzgada, ni se obtuvo justicia.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) fue aprobado en 1948, por sus entonces 58 Estados miembros. Ahora la ONU cuenta con 193 países miembros y 2 países observadores: Palestina y el Vaticano, teniendo como característica que no firman la DUDH. Esto responde a que los países teocráticos, sólo obedecen los preceptos y líneas que dictan sus respectivos “Dioses”, sin que acepten someterse a consenso, mayoritéo o votación alguna, que propongan los países terrenales, a veces democráticos.
¿Para qué invitaría la ONU a posicionar a un promotor de la moral confesional, si el Estado Vaticano no reconoce los DDHH?¿Cómo pretende hablar de igualdad el Papa si dentro de su organización están excluidas las mujeres, a pesar de ser más del 50% de la población mundial?; ¿Cómo puede hablar de matrimonio Francisco si la organización que encabeza no admite que sus integrantes se casen?; ¿Con qué autoridad moral habla de justicia, si los delincuentes de su agrupación, han propiciado los arreglos extraoficiales y la reasignación de adscripciones, para reuir de la justicia cuando han sido denunciados por violación, abuso de menores de edad, corrupción, fraude?; ¿Cómo puede pedir cuentas claras y acciones transparentes a otros Estados, cuando su sistema encubre las evidencias de crímenes?
Son múltiples las violaciones a los DDHH por parte de los representantes religiosos que comanda Bergoglio; no podemos ignorar las trampas del poder que se disfrazan de estrategias políticas y sociales en pro de resolver de fondo temas de desigualdad, violencia y la injusticia; dichas soluciones deben emanar de los principios rectores de DDHH y no de una ideología religiosa que imponga dogmas y despoje de dignidad a quienes no comparten su ideología.
Si defendemos los valores democráticos y fortalecemos los principios de igualdad y libertad estaremos en camino hacia un mundo en donde la dignidad de la persona sea el valor supremo a proteger y ser lesbiana, homosexual, y decidir sobre tu cuerpo y sexualidad será un asunto personal y privado, no un motivo de estigma y discriminación.
Bergoglio no hace teología, él es un hombre político que ha asumido su papel como líder mundial en nombre de su fe, montado en una estrategia mediática para recuperar el terreno simbólico en la sociedad, “promoviendo pecados”. No nos confundamos, las religiones no están por encima de los derechos, aun cuando quien gobierne profese esos dogmas de fe.
Tanto en tiempos antiguos como en los actuales “Hay que darle al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.
Judith M. Vázquez Arreola
Teóloga por la Universidad Iberoamericana
Lesbiana, Feminista de la Liberación.

Este texto fue publicado en Mexican Times, 14 octubre 2015

Entradas populares de este blog

El Lobo de Dios y la espiral del silencio.

Misoginia y Homofobia ¿Políticas de Estado?

El lenguaje religioso y su diferencia conceptual con los derechos humanos