El Lobo de Dios y la espiral del silencio.

 El lobo de Dios y la espiral del silencio

La serie titulada "El lobo de Dios" narra la huella profunda que dejó el fundador  de los Legionarios de Cristo Marcial Maciel y dejo en evidencia el terremoto que cimbró los principios de una institución milenaria que le encubrió con un manto de pureza y de quien recibió no sólo un gran reconocimiento público si no también impunidad e inmunidad a sus delitos.

Mi primer pregunta es ¿Porqué un criminal de tal calibre, nunca fue juzgado por ninguna ley o país de manera civil? ; parece ser que la figura religiosa y su capelo protector le hubiese permitido vivir en absoluta impunidad y sin límites; con una vida pública exhibida abiertamente, señalado por las víctimas y con evidencias de sus delitos como adicciones, tráfico de influencias, negocios ilícitos, engaños abuso sexual, etc pudieran ser cubiertos y encubiertos debajo de la casulla del religioso que comandó hasta su muerte la Legión de Cristo.

Son mas de 2 mil años de una relación perversa entre los poderes que mueven el mundo: el poder religioso y el poder civil. Me pregunto hasta cuándo habremos de seguir siendo simples espectadores de los abusos, excesos, injusticias, despojos, delitos y demás prácticas abusivas de los que San Mateo describe como "Sepulcros blanqueados".

En este espeluznante caso, llama la atención que no existan registros de denuncias penales directas al abusador de menores, traficante, pederasta, violador, corrupto y lavador de dinero que ejecutó en complicidad con su legión a quien hoy exhiben a través de una serie de televisión como un criminal que murió en absoluta impunidad.

La impunidad es justamente el paraíso a donde reinan  aquellos que acceden al poder civil y gozan del privilegio de no ser juzgados ni sentenciados a pesar de ser evidentes las pruebas de sus delitos. ¿Y porque es posible tal descaro cuando los delitos son cometidos por personajes como el señor Maciel?

¿Qué le pasa a la mente colectiva que deja de señalar y perseguir a los delincuentes de cuello blanco y sólo se quedan como espectadores de una escena dantesca sin accionar la razón, el sentido común y el sano juicios para detener  a semejantes criminales?. Todos los delitos pueden ser pecados; pero no todos los pecados se reconocen como delitos: Sin lugar a duda, en el caso de Maciel todos sus delitos fueron cometidos usando el hábito de santidad religiosa que le dió la máxima autoridad eclesiástica gracias a su cercanía con el papado, especialmente con Juan Pablo II; fue su "pertenencia" al sacerdocio lo que le dió la licencia para despojar, abusar, traficar, violar y muchas cosas ilícitas mas.

Puedo imaginar el infierno que han pasado quienes hoy con mucho valor, se exhiben como principales testimonios en la serie; Juan José Vaca, José Barba, Alejandro Espinosa y Elena Sada; quienes pertenecieron a la legión y vivieron de primera mano el poder e impacto de Maciel desde el Vaticano  y el  mundo entero desde las entrañas del poder religioso de la iglesia Romana, su sentido de "pertenencia"  les fue suficiente para otorgar su voluntad y fidelidad a el fundador a través del silencio a pesar de ser víctimas de sus abusos y excesos, tal vez esa complicidad fortaleció el impacto del perverso criminal. Es incuestionable el temor a las consecuencias que vivieron, cuando te enfrentas a alguien tan poderoso y que sus alcances eran infinitos, lo mas doloroso debe ser el precio que hay que pagar cuando rompieron el silencio y volvieron a una realidad secular bajo el escrutinio de una sociedad entera; tal parece que esa "pertenencia" les mantuvo la razón obnubilada, la conciencia dormida y las entrañas rígidas para aguantar la inmundicia contra ellos y sus semejantes.

¿Cuando será el día en que tengamos el valor civil de denunciar, señalar y detener los abusos que cometen aquellos que se bañan en pureza y son los sepulcros blanqueados de nuestro tiempo, aun con el miedo a las expulsión del círculo del poder al que se pertenece?, ojalá muy pronto la honestidad se convierta en un valor deseable y sea una razón suficiente para detener a los abusadores, sumarse a las causas de justicia y de paso a sancionar con rigor a los delincuentes de cuello blanco.

En México  seguimos escasos de personas valientes que castiguen y sancionen el enriquecimiento ilícito, evidente entre algunos prelados como el señor Ribera Carrera y su escandalosa inversión en departamentos de lujo; o como el caso del señor Onésimo Cepeda quien despojó a la familia Azcárraga a través de un pagaré falso que dijo haber recibido de manos de la señora Olga Azcárraga Madero, quien dice que le dejó 42 obras obras de arte de Tamayo, Rivera, Frida, Chagal y Picasso, en pago de un préstamo que le hizo por 130 millones de dólares; la justicia mexicana le otorgó impunidad a través de un amparo al señor Cepeda y el reclamo de la familia fué anulado.

Hemos vivido siglos de injusticia, abusos e impunidad clerical y secular, pero aquellos que se bañan e iluminan con el Espíritu Santo por contubernio o por consagración sacerdotal son hoy por hoy delincuentes de cuello blanco sin pagar las consecuencias por sus abusos y actos cometidos.

Ojalá que la vida nos permita romper con esa espiral de silencio en la que te sumerges tan sólo con el fin de seguir "perteneciendo" a aquellos círculos que ofrecen sentido de vida y esperanza, o satisfacen las necesidades básicas. Ojalá que podamos ser capaces de sumarnos a causas y esfuerzos basados en la justicia y la igualdad y que D**s fortalezca nuestra confianza y esperanza en que el Reino de D**S es aquí y ahora y que somos nosotras en turno quienes podemos levantar la voz, denunciar y detener la impunidad; hemos construido un puñado de leyes que deberán garantizarnos que el silencio solo sirve para las plegarias en intimidad y no para encubrir delitos y delincuentes; que nuestras vidas se vuelvan ejemplares por defender al que menos tiene y puede, para anunciar las buenas noticias que podamos construir desde el amor y la solidaridad y que pronto, muy pronto la justicia y la dignidad se vuelvan costumbre.

Judith M. Vázquez Arreola
Teóloga
















 




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