"No está el horno para bollos"
No está el horno para
bollos…
En
México se han implementado estrategias para el combate a la corrupción, este
mal tan pernicioso en el ámbito social que tiene a la clase política en el
descrédito y la desconfianza, en donde las instituciones se tambalean y
colapsan por los saqueos sin medida ni reserva, en donde la función pública
sólo es un perro faldero frente al Rey León que gobierno en total impunidad y
abuso que parecen no tener fin.
El Sistema Nacional Anticorrupción es una estrategia con
visión de Estado que amalgama algunas instituciones para garantizar la
Rendición de Cuentas, la Transparencia, la Protección de Datos Personales y la Participación Ciudadana. Para tal
efecto es de vital importancia consolidar las Leyes Anticorrupción que según el
titular de asuntos Jurídicos de la Auditoría
Superior de la Federación (ASF) debe salir a más tardar en Mayo del
2016. Que comprenden: la Ley General del Sistema Nacional Anticorrupción, la
Ley General de Responsabilidades, la ley que regule la organización y
competencia de la ASF, la ley que instituye el Tribunal de Justicia
Administrativa y las modificaciones a la Ley Orgánica de la Administración
Pública Federal, respecto a la Secretaría de la Función Pública.
Vaya paquetazo de leyes que están en el horno de la
cámara alta esperando ser aprobadas dentro del marco establecido por la ley y
cuyo tiempo se agota visiblemente con una sospechosa resistencia de quienes
legislan.
Pareciera que en ésta ocasión no es un asunto de ponerse
de acuerdo, porque en mi país ha habido temas que verdaderamente han generado
conflictos parlamentarios críticos, con tomas de tribuna, gritos, incultos y
sombrerazos que en alguna ocasión impidió el acceso al presidente para rendir
su informe y aun así la Ley se cumplió y salimos adelante.
¿No será que en ésta ocasión a quienes afecta
principalmente la ley que la ciudadanía exige y acompaña en su aprobación, es a
la clase responsable de su consolidación y estructura?¿No será que no es un
asunto de “procedimientos” y agenda apretada sino de conveniencia
parlamentaria?
Lo terrible es que no habrá sanción si el paquete de
leyes no está en tiempo y forma, pero si traería como consecuencia un mayor
descrédito para la clase política y una decepcionante reacción de las (los)
ciudadanas (os) que hemos concedido el beneficio de la duda ante el anuncio
presidencial de “combatir la corrupción”.
¡Cuánto daño ha hecho el mal gobierno! y ¡Cuánta
esperanza muerta por las calles de nuestro país!, ¡cuántos enterrados en fosas
clandestinas o públicas con complicidad gubernamental! y ¡Cuánta incompetencia
de la clase política!
Pareciera que la luz de la esperanza se apaga con el paso
del tiempo pero ¿en qué momento se nos ocurrió que podría ser posible que la
clase política aprobará las leyes que
pretenden acabar con la corrupción y la impunidad?
Tal vez ésta sea la última oportunidad que daremos a
quienes la corrupción es el origen de todas sus fortunas y poder y la impunidad su modus vivendi y operandi.
