La obediencia y el Reino de Dios


La obediencia y el Reino de Dios .
Jueves Santo del 2012

Desde hace varios días en los medios de comunicación se presentan como la “Gran Noticia” los distintos espectáculos del viacrucis anual. En mi ciudad se ha bautizado a la representación que sucede en Iztapalapa como “patrimonio intangible de la ciudad”[1]; y las notas una detrás de la otra dicen…: en Belén se llevó a cabo el lavatorio de los pies de los 12 apóstoles; en Jerusalén se realizó una peregrinación….; en el Vaticano se ofició una misa… en la Catedral metropolitana se llevó a cabo la celebración del santo crisma, etc…, como si eso hoy fuera realmente noticia.

Por más que busque un poco de información que dejara ver algo en otras partes del mundo lo único que encontré fue, además de los presidenciables indeseables, las mega noticias de última hora de algo que llaman “celebración de semana santa”.

Vi grandes ropajes llenos de adornos en oro, las grandes y costosísimas custodias que salen a pasear por todos lados de plata, oro y piedras preciosas; los trajes vistosísimos de los prelados alrededor del mundo, los disfraces de romanos, judíos, cristianos, etc en todas partes y desde luego hoy me percaté de que el señor Ratzinger se mueve en un carrito cargado de adornos de oro de muchos kilates (por lo que decía la nota), Los sermones y actitudes de humildad y piedad que llaman “cristiana” y la sumisión de mucha gente frente a imágenes, aguas benditas y presencias divinas en muchas especies. Miles y miles de gentes en procesiones, actos religiosos y de penitencia que año con año suceden en éste tiempo.

Pero por un instante me quedé fría cuando una mujer en Jerusalén dijo en una entrevista para la televisión mexicana que Jesús vino a morir por nosotros que su muerte y resurrección es el sentido de su predicación, y lo menos que podíamos hacer era pensar en el sufrimiento que debió
haber sentido cuando le traicionaron, así como nosotros le traicionamos todos los días.
Y yo me volví a preguntar si verdaderamente Jesús, el Nazareno había venido a morir por nosotras y nosotros; busqué en su vida y obra (Las narraciones Bíblicas) y encontré un montón de pasajes de su predicación, obra, milagros, discursos, parábolas, sermones, descripciones de toda una teología de su tiempo, liberadora en donde su más innovadora propuesta fue hablar de un Dios amoroso, que tiene una peculiar y profunda predilección por las personas que sufren, que su predicación más importante la dirigió siempre a personas sencillas, excluidas y marginadas de su tiempo y que en ninguna parte reconoce que el sentido de su vida es la muerte; sus años de vida los invirtió entre la gente que eligió (que no fueron a todos los que le seguían) y a dibujar al Dios que los judíos no podían nombrar al que El, le llamó ABBA (papito en hebreo) con una palabra que en el análisis exegético de los textos debió ser pronunciada por Jesús para dirigirse a éste Dios cercano (novedad de la propuesta de Jesús)

No puedo imaginar ¿en que cabeza puede caber la idea de un Dios amoroso que crea a su hijo, lo envía al mundo para cobrar venganza de lo que le han hecho los humanos cotidianamente y sacie su sed de sacrificios con su hijo más amado?. ¿En que engendro de corazón pudo haber nacido esa idea sanguinaria, fuera de toda proporción que en el futuro anularía el mensaje de Jesús, su propuesta social, su predicación liberadora y colocaría a un puñado de hombres sin escrúpulos frente a la misión de cuidar de su iglesia, bajo la amenaza constante de un “castigo
divino por desobediencia”. ¿Y qué pasó con todas y todos los testigos de la prédica, milagros y mensajes de Jesús en su tiempo?.

Los testigos de Jesús no sólo fueron las 12 personas que llamaron apóstoles; sino miles y miles de hombres y mujeres que le vieron, escucharon, tocaron, creyeron, y compartieron con él en su paso por el mundo. Evidentemente las persecuciones a esos seguidores y predicadores del Dios de Jesús que los buscaban para matarlos y terminar con esas ideas revolucionarias provocaron la
dispersión de quienes le siguieron en vida. Huyeron despavoridas y despavoridos a los lugares menos imaginados porque los “Nazarenos” (porque no se llamaban cristianos hasta el siglo IV) traían la semilla de la desobediencia y era urgente su exterminio.

No podemos olvidar que la perversa e histórica alianza de la iglesia con el poder civil ha sido la base del control social y que, así como en los tiempos de las comunidades primitivas de los seguidores de Jesús, en nuestros días esa alianza permanece inmaculada y fortalecida sólidamente.

Hoy, el mensaje del señor Ratzinger en la misa de conmemoración del jueves santo, se ha centrado en la “desobediencia” denunciando a un grupo de sacerdotes que promueven la ordenación de las mujeres y el celibato voluntario al interior de la iglesia, condenándoles seriamente a regirse y respetar a la máxima autoridad de la iglesia que es el Papa.

Por otro lado frente a la teatral imagen que se produce del suceso de la última cena de Jesús y el sin sentido de subrayar 4 días de la vida de un hombre como el eje central de su misión evangelizadora nos convoca a los millones de seguidores del Dios de Jesús a recordar el verdadero mensaje de Jesús de Nazaret.

El habló en el lenguaje de su tiempo, y su idea central es “El reino de Dios” que jamás definió con una idea cerrada, clara y distinta, sino que le dio un espectro de interpretación amplio en distintos momentos y acciones de su predicación, según las escrituras.

El Reino de Dios está relacionado con un renacer a la vida en el encuentro con el Dios de Jesús, con una semilla (Parábola del sembrador) pequeña que se inserta en el corazón y la vida de los y las que la reciben, tiene que ver con un ciclo nuevo de la vida y puede llegar a ser lo más importante en el interior de la persona (La semilla de Mostaza) y que evidentemente surge de la alegría de Dios por el reencuentro con quienes a creado y creía perdidos (El hijo pródigo Lc. 15, 24, la oveja perdida (Lc 15, 17). Jesús define el Reino de Dios como un tesoro escondido en un campo y a una perla preciosa (Mt 13,44 ss.), y finalmente lo dibuja como una gran banquete de bodas (Mt 22,1 10) en donde el Reino de Dios no se asemeja a un cuartel en donde se aprende a obedecer, sino a unas bodas en donde reina la alegría de Dios, el regocijo; se canta y se danza sin premuras.

La manifestación de la esencia poderosa de Jesús se manifestó en mucha ocasiones, y en cada una de ellas el Bien venció al mal y la bondad de Dios siempre liberó a las mujeres y los hombres de todos sus demonios y espíritus que les controlaban (Mc 1, 34).

La actitud de la acogida (Lc 15, 12) y apertura frente a quienes no son como nosotras y nosotros
es el fruto que sólo da la Gracia que viene del Dios de Jesús. Mirar al distinto con los mismos ojos con los que queremos ser mirados, y tratar a los otros como queremos ser tratados es parte de la propuesta del Reino de Dios.

El Reino de Dios ofrece construir un mundo de dignidad humana en donde todas y todos valgamos por el simple hecho de ser personas, sin ninguna distinción; en donde el trabajo más difícil será contribuir con el que menos puede y tiene a cambiar su situación y construir mundos justos en donde la desigualdad y la pobreza no se transforme en opresión.

Jesús nos advirtió que la apuesta por la construcción del Reino de Dios en nuestro mundo nos traería adversarios pero que nuestra propuesta era “compartir” de principio a fin todo cuanto tenemos y somos, y que en construir el Reino de Dios podría florecer la ESPERANZA del mañana feliz.

Seguramente hablamos de otros Jesús, de otro personaje que no está en las escrituras del Nuevo Testamento, a quien han recordado hoy en muchos templos e iglesias, pero que no es el mismo que muchas y muchos de nosotros conocemos y en quien creemos.

Para terminar, quisiera que las y los creyentes en Jesús dejáramos de pensar que su misión fue la perversa idea de un Dios vengador que nos dio a su hijo como víctima por cuya inmolación quiso ofrecernos su amistad, y recuperar la riqueza de su vida y la propuesta social de solidaridad, igualdad, respecto y reconstrucción social que hoy por hoy es el mensaje más vigente frente a la violencia, injusticia, desigualdad y división social que se experimenta y respira en cada rincón del mundo.

Que el mensaje del Dios de Jesús no muera en el olvido borrada por la sanguinaria imagen de un
crucificado y que el dolor no sea más la motivación para creer en el Dios que nos salva, sino que ese acontecimiento sanguinario no vuelva a suceder con ninguno de nosotros los convidados a construir un mundo distinto y que nunca más permitamos esos actos de injusticia social en donde el poder ejecuta a un inocente y hace un espectáculo de horror como castigo ejemplar sobre alguien que no cometió ninguna falta.

La vida es el Espíritu de Dios que habita en cada una y uno de nosotros, y la felicidad, la igualdad, y la justicia son el proyecto del Reino de Dios en nuestro tiempo. Con Esperanza en los ojos y con conciencia del Dios vivo del que nos habló Jesús el que nació en Nazaret.

Judith Vázquez Arreola
Teóloga por la Universidad Iberoamericana
Lesbiana Feminista por la Liberación y la Democracia
Para más escritos de la autora en: http:www.conciudadana.blogspot.com
O escribir a judithvazquez64@hotmail.com




[1]
Lo que justifica el gasto de 7 millones de pesos para surealización

Entradas populares de este blog

El Lobo de Dios y la espiral del silencio.

Misoginia y Homofobia ¿Políticas de Estado?

El lenguaje religioso y su diferencia conceptual con los derechos humanos